Verano bajo la luna de plata,
Caderas dibujan la lambada.
Tu piel sabe a sal y a libertad,
En cada paso, mi alma despierta.
Baila, que el tiempo se olvida,
Baila, que la noche es tan viva.
Entre tus brazos el mundo se calla,
Solo queda esta lambada.
Fuego lento en el ritmo del mar,
Dos cuerpos que no quieren acabar.
Cuando amanece, la música huye,
Pero en mi pecho, tu eco permanece.