Tikalito, sue?o de jade y ceniza,
bailas entre ceibas, tambor de lluvia antigua;
tu risa es un quetzal que despierta la selva,
tu suspiro, volcanes dormidos de guerrilla.
En la marimba laten soles de petapa,
cada nota un maíz que estalla en mi pecho;
tejiendo caminos de humo y esperanza,
Tikalito mío, no te vayas al viento.
Quédate en mi boca, cacao y cari?o,
para que al cantarte nunca muera el destino.